Hay días en que te sientas, cierras los ojos y no pasa nada. La cabeza se va a la lista de pendientes y la frase que ibas a decir se queda a medias.
Es fácil leer eso como un fracaso, y dejarlo. Casi siempre se deja ahí: no en el primer día, sino en el primero que sale mal.
Pero la intimidad no se mide por lo bien que sale un rato. Ninguna relación se mide así. Se mide por volver.
Si estos tres días te han salido regular, has hecho lo importante: apareciste. Y las misericordias son nuevas cada mañana, que es otra forma de decir que mañana no arrastras la de hoy.
