Lo primero que hacemos casi todos al despertar es mirar una pantalla. Antes de saber cómo estamos, ya sabemos qué ha pasado en el mundo, quién nos escribió y qué se espera de nosotros hoy.
No hay culpa en eso. Pero fíjate en el orden: el día empieza contándonos a nosotros lo que necesita, antes de que nosotros hayamos dicho una palabra.
Hoy no te pedimos media hora de silencio. Te pedimos treinta segundos, y que vayan primero.
No hace falta que sepas qué pedir. A veces no necesitas tener todo claro: solo confiar en que hay Alguien guiando lo que todavía no entiendes.
